CASTILLO DE SAN CARLOS

CASTILLO DE SAN CARLOS

Las ciudades de Maracaibo y de Gibraltar eran ricos emporios comerciales en el siglo XVII y ello originó la codicia de los piratas, quienes invadieron las poblaciones del Lago de Maracaibo y la saquearon en diversas ocasiones, ya que sólo existía un pequeño fuertecillo que defendía la zona. Ello se acrecentó con la facilidad con que el pirata William Jackson actuó en 1643, lo cual provocó la reacción de la Real Audiencia de Santa Fe, de donde dependía Gibraltar a través de la Gobernación de Mérida, y fue entonces cuando el presidente, Don Martín de Saavedra y Guzmán, propuso fortificar la Barra y el 10 de abril de 1643, remitió al Rey tres plantas de fortificación. El Rey, por Real Cédula del 17 de junio de 1643, encargó el proyecto de fortificación a los gobernadores y capitanes generales de Mérida y de Venezuela. Se construyó el primitivo Castillo de la Barra Grande, el cual para 1645 estaba levantado, pero era muy deficiente por su construcción en madera y tierra, además de tener sólo 31 hombres y 12 piezas de artillería para la defensa, por lo cual el problema de las invasiones continuó a pesar de su nombre pomposo: Fuerza de Santa Cruz y San Sebastián de la Barra Principal, al cual Grammont terminó de desmantelar. Así acabó la historia de ese primitivo castillo, del cual no se conoce mucho; al parecer fue construido por el gobernador de Mérida Juan Bravo de Acuña y tampoco se conoce su configuración, pero fue el único medio de defensa que hubo en aquel momento. Se vio la necesidad de una nueva construcción, además de agregar Maracaibo a la Gobernación de Mérida y la Grita y por tanto a la Audiencia de Santa Fe (1676), para mejor organizar las defensas. El gobernador de Mérida Jorge de Madureira Ferreira, se trasladó a Maracaibo e inició los trabajos de apertura de los cimientos el 23 de febrero de 1679, y la primera piedra fue colocada solemnemente por el obispo de Venezuela, fray Antonio González de Acuña. Ya para el 7 de junio de 1681, Madureira comunicó al Rey que la Barra principal se encontraba asegurada con una excelente fortificación, envió los planos con la correspondiente planta e informe del ingeniero militar Francisco Ficardo, venido de Cartagena con este fin, donde explicaba con detalles los trabajos ejecutados y faltando solamente los alojamientos de la infantería. Relevado de su cargo Madureira, el nuevo gobernador, Antonio de Vergara, decidió continuar las obras y para agosto de 1682 el Castillo estaba completamente acabado; se le asignaron 80 hombres y 8 artilleros, además de dársele importancia a la conservación, pero sus sucesores abandonaron ésta, y para 1691 parte del Castillo tenía grandes desperfectos, que se remediaron parcialmente. Al comenzar el siglo XVIII se construyó la Fortaleza de Zapara, mientras el Castillo de San Carlos languidecía. En 1773 el ingeniero militar Agustín Crame aprobó algunas modificaciones al Castillo, las cuales fueron hechas por el Ingeniero Casimiro Isava, entre 1780 y 1784, pero por no haber suficiente dinero el proyecto original fue recortado. Joaquín Primo de Rivera, como nuevo gobernante, analizó el plan de Crame y se le añadieron obras complementarias; el ingeniero Francisco Jacot hizo el último informe sobre el Castillo y le fue ordenado reparar los almacenes y terraplenes de San Carlos y Zapara, reponer las municiones de guerra y todos los útiles de artillería, así como todo aquello necesario para que el Castillo pudiese cumplir su labor. Ya estaba cercana la Guerra de Independencia y el Castillo cumpliría su labor como último reducto del poder español en Venezuela, entregado por Morales después de la Batalla Naval del Lago de Maracaibo. Durante la época republicana, ha servido de defensa de nuestra soberanía como en el Bloqueo (V.) de 1903, pero además sirvió de infamante cárcel política desde el siglo XIX hasta la caída de la dictadura perezjimenista, por cuyos calabozos pasaron figuras como José Gregorio Monagas, Venancio Pulgar, José María Jáuregui, José Manuel El Mocho Hernández, Alcibíades Flores, José Rafael Pocaterra, Ramón Villasmil, Adalberto Toledo, Felipe Hernández, Valmore Rodríguez, Isidro Valles y tantos otros. Se han intentado diversas restauraciones, pero casi nunca los trabajos han sido concluidos o se han hecho sin la técnica debida. Quizás la mejor restauración ha sido la emprendida por CORPOZULIA en los últimos años, que ha intentado corregir los graves daños ocasionados al patrimonio histórico del país, para ponerlo al servicio del turismo, con obras anexas en la Isla, ya que es monumento histórico nacional desde 1965 y uno de los pocos castillos coloniales en América.

FUENTES ESPECÍFICAS: BELLO, Jorge. Jorge Bello y el Castillo de San Carlos». Boletín del Archivo Histórico de Miraflores. Año III. No. 16. Caracas: Ene.-Feb. 1962, p. 117-120. [CONTRERAS, Lucía]. «Castillo de San Carlos: La Memoria Colectiva Escrita Piedra sobre Piedra». Panorama. Maracaibo: 21-11-1992 (suplemento «Corpozulia», p. 4 y 5). FINOL LINARES, José. «Restauración del Castillo de San Carlos es un atentado al Patrimonio Histórico Nacional». La Columna. Maracaibo: 16-12-1990, p. 20 y 21. FUNDACION BELLOSO. Restauración de la Fortaleza de San Carlos, p. 112. GONZÁLEZ, María Luisa. «Castillo de San Carlos: Ba-luarte Histórico Nacional». La Columna. Maracaibo: 23-9-1993, p. A-7. GUERRERO MATHEUS, Fernando. En la Ciudad y el Tiempo. Tomo I, p. 66-82. LÓPEZ RI-VERO, Raúl Tomás. Fortificaciones de Maracaibo, p. 65-118. MARTORELLI SEQUERA, Judith. «Castillo de San Carlos: Primero Volado que Rendido». La Columna. Maracaibo: 4-2-1991, p. 4. MATOS ROMERO,        Manuel. Maracaibo del Pasado, p. 92. S.a. «Una Su-blevación en el Castillo de San Carlos». Boletín del Archivo Histórico de Miraflores. Año VI. No. 35-36. Caracas: Mar.-Jun. 1965, p. 319-324. [NECTARIO MARÍA, Hermano]. Mapas y Planos de Maracaibo y su Región (1499-1820). Madrid: Embajada de Venezuela, 1973, p. 157. («Prólogo» de Tomás Polanco Alcántara).  PARRA, Iván Darío. Historia de la Ingeniería en el Zulia, p. 10-12. RODRÍGUEZ DÍAZ, Alberto y Carlos Raúl Pérez. Fortalezas de la Barra de Maracaibo. Caracas: Instituto Nacional de Canalizaciones, 1972. (Presentación por Mauro Páez Pumar).

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