WAYUU

WAYUU

Autodenominación de los indígenas guajiros. El centro de su cultura se encuentra en la Península de la  Guajira, extensión norte del continente suramericano, que por el este limita con el Golfo de Venezuela y por el norte y oeste con el Mar Caribe, con una superficie aproximada de 15.380 kilómetros cuadrados, de los cuales el 20.42% corresponde a Venezuela y el 79.58% a Colombia. Muchos indígenas wayuu viven en otras regiones del estado Zulia en Venezuela y del departamento del Cesar y otras partes de Colombia. Los propios wayuu han utilizado tres términos para referirse a los habitantes de la Península: los wayuu (guajiros), los alijunas (no indígenas) y los alijunachon (descendientes de unión entre wayuu y alijuna). Su idioma forma parte de la familia lingüística arawak, que se conoce a través de numerosos estudios, sobre todo de Hildebrandt, Jusayú, Mosonyi y Goulet, entre otros. A partir del siglo XVI, los europeos fundaron efímeros asentamientos en la región y así, Ríohacha fue fundada en 1545 y su puerto sirvió de exportación de las perlas, los nácares y las maderas. Más tarde, los capuchinos fundaron misiones que incluyeron el actual territorio venezolano. Esa interrelación con los europeos, llevó a los wayuu a la posesión de ganado, que criaron sobre todo en la zona interior donde no había pesca y escaseaba la caza. Fue muy intensa la agresividad de los wayuu, lo que impidió una mayor comunicación y no fue hasta finales del siglo XIX, cuando los gobiernos venezolano y colombiano pudieron ejercer un control sobre la península. En este tema se han citado los kusina (V.) o cocina, que al parecer fueron wayuu de una conducta anti-social con sus propios compañeros. Uno de los problemas más importantes en la Guajira es el agua, que solucionaban con la casimba (ishi) y el jaguey (laa), pero modernamente se están perforando pozos para construir acueductos. Su principal vestimenta era el guayuco (sirrapu), sostenido por un cinturón formado con hilos con cuentas de diversos colores y desde el siglo XIX, las mujeres llevaron un vestido llamado manta, que cubre el cuerpo desde el cuello hasta los pies, las cuales pueden ser teñidas con tintes wayuu; sus pies están protegidos por las alpargatas que pueden tener pompones de lana; también suelen usar zarcillos, collares, brazaletes y otros adornos que pueden ser bañados en oro; la piedra pulida más apreciada es la tuma, de color rojizo, probablemente un tipo de cornalina, que se considera una reliquia o sirve para pagar el precio de la novia o las ofensas graves. Los hombres, en la época moderna, no suelen pintarse la cara, pero las mujeres si lo hacen para lo cual mezclan sustancias del lugar con grasa animal, sobre todo para las ceremonias de la danza (yonna). El tejido  (V.) sigue siendo muy importante entre los wayuu, fabricado en sus telares, el cual utilizan no sólo para uso humano sino también para adornar a los animales; modernamente ha surgido la industria de los tapices decorativos, con el Taller Mali Mai (V.) de Luis Montiel (V.). También fabrican instrumentos musicales como la maraca, el tambor, la flauta, el arco musical y la trompa. Es tradicional el mantener un período de reclusión de la púber, pero no del varón, época que se dedica a fines pedagógicos, para instruir a la muchacha en sus obligaciones como mujer; esa época ha sido llamada el blanqueo. La división del trabajo está ligado a la edad y sexo; así, los niños y varones jóvenes desempeñan las tareas más sencillas con el ganado, así como los adultos realizan las complicadas; las niñas y mujeres hacen el queso; también los varones siembran en los conucos y se dedican a la pesca. Los indígenas han establecido relaciones comercia-les con los criollos, que han sido calificadas de contrabando desde la época de la colonia. Se sigue conservando mucho el respeto hacia los mayores y uno de ellos es el jefe del asentamiento, a quien se llama talaula  que puede traducirse como «mi viejo» o «mi jefe». Los conflictos entre los wayuu son dramas sociales, que cuando se hacen públicos ameritan un desagravio, que puede ser venganza sangrienta o compensación material y todo ese proceso se llama putchi (disputa), los cuales se resuelven a través de un tercero o intermediario que recibe el nombre de pútchipu (palabrero) o abogado wayuu; muchos indígenas prefieren la ley guajira a la ley venezolana o colombiana. Los matrimonios se organizan a través de la dote, la cual es entregada a los familiares de la joven, sin considerarse eso como una compra, como se ha querido entender en ciertas esferas. Su mundo mágico-religioso se basa en los mitos, que pueden considerarse una literatura oral, de un gran acervo narrativo y cultural. Varios de esos mitos se refieren a un ser especial cuyo nombre es Maleiwa, que ocupa en la ideología indígena un lugar equiparable al del Dios cristiano de la cosmovisión occidental; otros mitos se basan en personajes como Juya (lluvia) y su esposa Pulowi (sequía); otro mito se origina en las ceremonias funerarias, el camino hacia la tierra de los muertos o jepira (V.), que según Perrin está situado en la región montañosa de la Guajira colombiana y hasta que no se haga el último entierro, las almas de los fallecidos deambulan como yoluja (sombra); los wayuu creen en la inmortalidad del alma y para ellos, la muerte es una ausencia física terrenal, pero no de total desaparición, de allí sus velorios, en número de dos, y todas las ceremonias mágico-religiosas que involucran esa despedida; el mito de wanulu (enfermedad o espíritu maligno), lleva a los shamanes, piaches u outshi, generalmente mujeres, quienes son espíritus iluminados que pueden invocar y aplacar a todos los espíritus, para ello usan maracas, mastican o comen la pasta de tabaco, hacen restricciones dietéticas y sexuales, entre otros para lograr ser adivinadores y curanderos, quienes hacen los conjuros; además, los guajiros usan el amuleto o lania, el cual permite tener cierto poder sobre otros objetos. El wayuu da gran importancia a los sueños, que tienen carácter profético y son de estricto cumplimiento; pueden ser descifrados por el piache, quien conoce todo el simbolismo. En su organización social están divididos en clanes, de carácter totémico, y éstos en linajes, donde se sigue la norma matrilineal ya que la transmisión de la autoridad, bienes o descendencia, se da por la línea materna. Su gastronomía es muy rica, siendo muy característica la chicha de yuca fermentada, el friche a base de vísceras de chivo, la shaplana que es una especie de cruzado, el chivo en coco, las bebidas alcohólicas como el chirrinche y el cokimichi, elaboradas con caña de azúcar en proceso de destilación y el segundo, fermentado por más tiempo dentro de la concha del coco. En las últimas décadas del siglo XX, muchos wayuu se han educado en escuelas y universidades, sin perder parte de sus rasgos culturales distintivos, aunque desde luego han tenido cierta aculturación. No obstante creen en la persistencia de su cultura y se sienten orgullosos de muchas de sus tradiciones, mientras los indígenas rurales siguen aferrados a una identidad étnica más tribal. Desde luego que la cultura guajira es extraordinariamente rica en expresiones materiales e inmateriales y tiene mucho que aportar al patrimonio histórico-cultural del país y del mundo. Su diferenciación cultural puede convivir armónicamente en el mundo de la sociedad mayoritaria venezolana, manteniendo muchas de sus expresiones culturales y su reafirmación étnica.

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