“La arquitectura en la actual región zuliana”. Entrada: ARQUITECTURA

ARQUITECTURA

La arquitectura en la actual región zuliana, y fundamentalmente en Maracaibo, ha ido evolucionando a través de varias etapas. Etapa prehispánica: desde las primeras huellas humanas, alrededor de 15.000 años a.C. hasta 1528 d.C., pero que se prolongó en el tiempo, y la podemos observar en las viviendas indígenas de hoy. Esta vivienda se construyó con escasos materiales pero con dominio tecnológico, como lo demostraba el conocimiento de la influencia climática lo cual los llevaría a impermeabilizar bien los techos contra las lluvias y, a la vez, hacerlo liviano para evitar la acumulación de calor. Los palafitos, que asombraron a los conquistadores, son usados por los paraujanos o añú (V.) y sus descendientes criollos. Descansan sobre pilotes de mangle u horcones de vera, que son sostenidos por horcones más pesados enclavados en el fondo del Lago, por su resistencia a la acción constante del agua, y el resto de los materiales de construcción clásicos eran hojas de palma para los techos y estera de enea para las paredes, hoy sustituidas por tablas y hasta por zinc; además el piso estaba formado por una serie de varas que descansaban sobre las vigas amarradas a los horcones y muchas veces cubiertas de cueros o esteras de enea, que a falta de hamacas, servían para dormir; el techo de dos aguas con 45 grados de inclinación y cubierto de hojas de palma, la cocina separada del resto, con un fogón hecho con madera de mangle y arcilla seca. Las casas, reunidas en pequeños grupos, estaban comunicadas por las pasarelas o por embarcaciones pequeñas empleadas para la pesca. Todo esto ha sido descrito ampliamente por Erika Wagner y Johannes Wilbert. Son los palafitos y representan un elemento importante de la cultura popular zuliana y así se han constituido poblados de criollos, casi siempre de pescadores: Santa Rosa de Agua, Nazareth, El Barro, Boca del Caño, Sinamaica, Las Parcelas, Zanzibar, Nuevo Mundo, El Arroyo, Los Robles, Matuare-Guanana, Congo Mirador, Punta Concha, Tomoporo, San Timoteo, Ceuta, entre otros. Los yukpa (V.) construyen dos tipos de viviendas: la vivienda rectangular permanente llamada munna y el paraviento provisional o semipermanente. La primera, descrita por Bolinder, Reichel, Cruxent y otros, tiene un promedio de 4 metros de largo y 2.5 de ancho, con una cumbrera a 2.5 metros del suelo, pisos de tierra, paredes de yagrumo o de caña brava, hoy sustituida por el bahareque o los tablones, los techos se fabrican con palma o paja de sabana. El paraviento es una estructura temporal utilizada para la caza, la pesca y la recolección de frutas, pero Wilbert lo observaría como casas per-manentes, hechas de hojas de palma, de cocuiza, de plátano o de paja, con medidas de dos o tres metros de largo, por 2 de ancho y 2.5 de alto. Los wayuu o guajiros (V.) habitan en pequeñas aldeas, donde fabrican un núcleo habitacional amplio constituido por: miichi (casa), luma (enramada), külikirúu (cocina), kulaala (corral) y apainyüuja (conuco), construido con madera de cardón y cují en las zonas xerófilas de la Guajira, y con caña brava, palmas y enea, cerca de la costa y aún con bahareques de arcilla y de piedra. Los barí (V.) fabrican su casa comunal llamada ka, la cual consiste en una estructura piramidal, cumbrera recta y base elíptica, de 40 metros de largo, 10 de ancho y 7 de alto, sin paredes y el techo cae directamente al suelo. Los materiales utilizados son un gran sistema de horcones de madera, la palma real y los bejucos entrelazados como modo de unión. Por sus grandes dimensiones está dividido en tres naves, una central de uso común y dos laterales que serán repartidas entre las diversas familias, con una ventilación por mirillas llamadas oka y con dos entradas en los extremos. Este tipo de vivienda fue descrito por Oswaldo D’Empaire así como por la Sociedad de Ciencias Naturales La Salle. Etapa colonial: la cual se extendería desde 1528 hasta 1823 en lo histórico, pero en lo arquitectónico predominaría hasta 1870, como bien lo ha considerado la Facultad de Arquitectura de la Universidad del Zulia que ha estudiado esta época. Nos informa Graziano Gasparini que los conquistadores españoles emplearon la llamada vivienda andaluza, que provenía del Sur de España y tenía influencia árabe, la cual era apropiada a nuestra región tropical, pero usando técnicas y materiales de construcción de nuestro continente, además adaptando recursos barrocos para el diseño de las fachadas. De esas viviendas podemos recordar una muestra de la época: la Casa de Morales o de la Capitulación, la Casa Consistorial (denominada también Casa del Gobernador, Casa de Mijares, Casa de María Mancebo Zuloaga, la cual sirvió de ayuntamiento) y la Casa Linares, conservándose la primera; varias viviendas en Los Puertos de Altagracia y en San Antonio de Gibraltar. Para 1573 el Rey Felipe II dictó las Ordenanzas del Descubrimiento, Nueva Población y Pacificación de las Indias, y en su artículo 34 dio una auténtica técnica urbanística, ya que la plaza Mayor era el punto principal de la ciudad de donde salían las cuatro calles principales, cuyas esquinas debían mirar hacia los cuatro puntos cardinales para evitar el rigor del viento. En la larga etapa colonial y sobre todo durante los siglos XVII, XVIII y XIX, se construyeron las edificaciones: convento carmelita, templo de la Arreaga, iglesia Matriz, hospital y ermita de Santa Ana, Casa Corte, convento de San Francisco y capilla Terciaria, plaza del mercado, ermita de San Juan de Dios, colegio de los jesuitas, Casa Fuerte, cuartel de artillería, hospital militar, hospital de caridad (más tarde Casa de Beneficencia), el lazareto de la isla de Providencia, hospital Chiquinquirá, plaza Mayor, Casa de la Compañía Guipuzcoana, capilla de Santa Bárbara, templo San Felipe Neri, antiguo mercado (conocido como ventorrillos viejos), comercial Quintero, calles vecinas de la plazuela del mercado además de las viviendas ya nombradas, pero sin olvidar que la más importante edificación de la época colonial fue el Castillo de San Carlos, construida su primera parte por el ingeniero Francisco Ficardo y posteriores modificaciones de Agustín Crame, Casimiro Isava y Francisco Jacot. Así mismo se construyeron otras dos fortificaciones más pequeñas: Paijana y Zapara. Las fachadas de la casa colonial zuliana suelen ser muy sencillas, ya que la pared termina en la puerta con un marco de madera, sin adorno o pilastra, con dintel y ventanas de dimensiones variables, según los recursos económicos de sus habitantes, voladas o sobresalientes, con balaustres de madera, casi siempre lisos, con poyos, alféizar y mampara, con un quitapolvo superior, además de paredes altísimas, por el clima regional, lisas, con un ensanchamiento en su base a manera de zócalo y terminando en un alero en su parte superior. Los colores eran blancos o apastelados, con ingrediente de cal, los techos de enea o palmas, sustituidos más tarde, por tejas españolas o árabes. En las casas de dos pisos había balcones, que Gasparini supone de origen canario, y en cuanto a la planta era rectangular, se entraba por el zaguán, con una pesada puerta en su parte exterior y un entreportón liviano y calado en el otro extremo, que daba paso a la sala, al recibo, a las habitaciones y al corredor, con un primer patio, comedor, despensa y segundo patio de árboles frutales y animales domésticos, para terminar con la cocina y la pieza de los esclavos. Según Gasparini, el sistema estructural de horcanaduras fue el gran aporte continental a la arquitectura hispánica. Los materiales de construcción eran adobes, ladrillos, piedras de ojo, conchas de coco, varas de caña brava, cal, arcilla y arena. Etapa republicana: durante la cual, según Miguel Sempere, esa casa colonial no sufrió grandes cambios, pero tuvo influencias de la relación comercial con las Antillas, Europa y los Estados Unidos. Según la Facultad de Arquitectura de LUZ se extiende en 1870 a 1920. Así aparecieron las llamadas primera, segunda y tercera casa zuliana, Carmelo Raydánmuy bien estudiadas por Carmelo Raydán. La primera casa zuliana apareció entre 1840-1850 y tuvo una duración de cincuenta años aproximadamente. La altura de la edificación creció y aparecieron en la fachada los paños verticales en relieve, con aleros más largos y ventanas chatas, además de desaparecer la teja española y ser sustituida por la holandesa y antillana. La segunda casa zuliana surgió entre 1890-1900, como una evolución de la anterior y duró treinta años aproximadamente. Mantuvo la altura, alero, paños verticales y ensanchamiento de la pared en la base, pero cambió las ventanas que de cuadradas pasaron a ser redondas y perdieron sus travesaños gruesos verticales, manteniendo los horizontales y los verticales finos y el dintel cambió sus esquinas puntiagudas por curvas, frente a la pesada puerta apareció un anteportón liviano de dos hojas adornado con romanillas, vidrios de colores o marcos con relieve, todo ello unido a la desaparición del zaguán, que Marlene Nava atribuye a que la relación calle-hogar se hace más directa y menos ceremoniosa y así el ingreso a la sala se hace directamente. La tercera casa zuliana apareció alrededor de 1920 y se mantuvo por veinticinco años, que sigue compartiendo la elevada estatura, los paños verticales, el ensanchamiento en la base de las paredes exteriores, el portón y la teja plana, ya muy difundida, pero es importante señalar la explosión de los colores en la fachada, que según Régulo Díaz fue debido a que los comerciantes judíos y holandeses de Curazao, después de la primera guerra mundial se establecieron en Maracaibo e importaron pinturas de aceite de diversos colores; pero según Juan de Dios Martínez ello debió provenir de la influencia africana, que siempre ha preferido los tonos vivos y contrastados, aunque eso también lo observamos en los tapices y las ropas de nuestros guajiros; también cambió la puerta, que pasó a ser enmarcada por pilastras, con molduras y capiteles y las ventanas retomaron los travesaños gruesos verticales y el alero fue sustituido por una cornisa adornada con diseños y así apareció la gárgola (V.) En esta época se comenzó la construcción de edificios mixtos, cuya planta baja eran locales comerciales y la alta, vivienda. Entre ellos, podremos recordar: la casa Steinworth, la BreuerMoller & Co, la Mac Gregor, la Beco Blohm, la Botica Nueva y la Tito Abbo, sobre todo en el núcleo matriz de la población. Del mismo modo surgió el barrio residencial por la instalación de un transporte más rápido como el tranvía, originándose así: Los Haticos, El Milagro y Bella Vista, ya como la residencia permanente. Ello obligaría al Concejo del distrito Maracaibo a dictar varias ordenanzas (1873 y 1884); surgieron los puentes, los servicios públicos hicieron su aparición: teléfonos, alumbrado eléctrico, tranvías, acueducto y ferrocarril. La plaza Mayor fue modernizada, y el monumento llamado La Pirámide fue demolido en 1867 por Sutherland, para colocar la primera estatua de Bolívar, que duró muy poco, y sobre todo, en la época de Venancio Pulgar, con la creación de la plaza Concordia (1872-1873), obra de Carmelo Fernández. A finales del siglo XIX se inició una campaña para erigir una nueva estatua de Bolívar, la cual se inauguró en 1905. La iglesia matriz sería reconstruida en 1813, por el ingeniero Carlos Mijares, para convertirla en catedral; en 1858 se modificó la torre y se le añadió el reloj y en 1867 se variaron las capillas internas y el altar y se dotó de un nuevo pavimento. La casa consistorial fue restaurada por Venancio Pulgar en 1873 para sede de los tribunales y la biblioteca pública del estado. El palacio de gobierno se inició en 1841, con proyecto de Olegario Meneses y fue terminado en 1868 por Sutherland. El muelle fue modificado por Venancio Pulgar en 1871, y más tarde por el general Guevara en 1880. Los llamados ventorrillos viejos fueron restaurados por Sutherland en 1866 y se les denominó ventorrillos nuevos. Venancio Pulgar creó un gran proyecto para el mercado, pero no pudo realizarlo por su derrocamiento; fue en 1884-1885 cuando el bachiller Manuel S. Soto lo construiría con la ayuda del maestro Manuel Noriega, época cuando también se construyó el malecón y el atracadero, y en la última década del siglo la aduana, al lado del club del Lago. La casa de beneficencia surgió en 1860, del antiguo hospital de caridad restaurado en 1855, y en 1864-1865 se construyó el hospital Chiquinquirá con proyecto de Manuel Obando, el cual fue ampliado en 1879-1880 y se le añadió el anfiteatro anatómico a finales de siglo. En diversas ocasiones se hicieron arreglos internos a la iglesia de San Juan de Dios para ampliarla; se construyó la iglesia de Santa Bárbara, iniciada por el ingeniero José Miguel Crespo en 1862 con proyecto de Manuel Obando, ejecutado por Manuel Noriega y que fue terminada en 1875-1883, aunque más tarde se le agregaría la plaza y el baptisterio, proyecto de Gregorio Fidel Méndez. Por 1877 se inició el teatro Baralt, que no se culminó hasta 1883, con proyecto de Manuel Obando, ejecutoria de Pedro Bracho, más tarde terminado por Manuel S. Soto, quien construyó el primer acueducto de La Hoyada, con la colaboración de Henry Rudloff, autor del famoso diseño de reedificación del colegio Federal, que nunca se realizaría y que lo haría, en menor escala, Juan Hurtado Manrique. Se ha ubicado también en esta época  la construcción del museo Urdaneta, cronológicamente posterior y que forma parte de la etapa petrolera. Etapa petrolera: la cual abarcó desde 1920 a 1958 y supuso un cambio en los modelos de vida en la ciudad; surgió el automóvil, lo que llevó a la pérdida de la vigencia del tranvía; el alumbrado eléctrico que hasta ese momento había sido nocturno pasó a ser continuo; creció el territorio urbanizador y se consolidaron los desarrollos privados; surgieron hoteles, fondas, bares, restaurantes y centros nocturnos; y la influencia caribeña, con la presencia de las transnacionales, llevó a un vocabulario híbrido, no sólo en el lenguaje sino también en la arquitectura, que fue racional y ornamentado, técnico y alegórico, de un colorido propio del clima y las costumbres. Las colonias petroleras: Las Delicias y Bella Vista de la Shell, La Lago de la Creole, y La Mene Grande de la Gulf Oil Co, contribuyeron al desarrollo de la ciudad hacia el norte formando la «otra ciudad» y albergaron a empleados petroleros extranjeros. La primera entre la hoy avenida 5 de Julio y la calle 72, con escuela, iglesia y hospital, oficinas centrales y laboratorios, tuvo viviendas de concreto, con techumbre de madera y zinc o de láminas de acero plegadas. La segunda estaba reservada a los altos gerentes. Podemos citar algunas construcciones importantes de esa época como: el hoy centro médico de occidente y el hospital Coromoto, el edificio Las Laras, almacén Dall’Orso, Blue Book, palacio Roncajolo, central Venezuela, casa de la ventana redonda, villa Leonor, villa Carmen, quintas de José Rodríguez y Ulises Pardi, villa Ernesta, villa de los Leonardi, palacete Da Costa Gómez (residencia de Pérez Soto, que sería más tarde, el colegio La Presentación), hotel Granada y las villas de la carretera Unión, plaza del Buen Maestro, plaza de la Libertad, plaza Páez, plaza de la República, plaza Alonso de Ojeda y plaza Indio Mara. Surgieron las urbanizaciones populares como: la Rafael Urdaneta y el Barrio Obrero. El uso del art deco nos daría: el teatro Baralt, el instituto Pro Infancia, el pasaje Colón (precursor de los centros comerciales), el hotel Victoria y Diesen Van Rohe & Co. Se fabricaron construcciones de  servicios como: aeropuerto Grano de Oro, Facultad de Medicina de LUZ, iglesia San José, Caramelos La Suiza, Standard Motors Company, teatro Imperio y Hotel del Lago. Con un estilo internacional surgirían: edificio Radio Landia, Centro Vocacional Octavio Hernández, oficinas de la Shell, oficinas de la aduana, hospital Universitario, Sanatorio Antituberculoso, así como la aparición de las primeras torres: edificio Don Matías, Concejo Municipal, edificio Regional, edificio Yonekura y edificio Matema, como los precursores de una tendencia arquitectónica, llevada a su máxima expresión más tarde. Etapa actual: constituye un hecho fundamental la creación y funcionamiento de la Escuela de Arquitectura de LUZ (1960), transformada en facultad (1963), que generó el conocimiento de la nueva forma de asumir la vivienda, a partir de la primera generación de arquitectos zulianos (1967). En esta etapa inicial de la actual, podríamos decir que disminuyó la construcción de edificaciones de envergadura, se remodeló y se adaptó modelos anteriores, con énfasis en lo funcional, dándosele menor importancia a la estética, con fines eminentemente sociales, proceso estudiado por María Machado de Carruyo, Elisa Quijano de Corona y Ethel Rodríguez Espada, en su investigación “La otra ciudad», donde señalan la mezcla de lo neo-colonial y del concreto armado, en la década del sesenta. En los setenta, dentro de la bonanza petrolera, se difunde el uso de nuevos materiales: plástico, aluminio, vidrios opacos o reflejantes, concreto «a la vista». Altos edificios, centros comerciales cada vez mayores, ausencia de conciencia en las diferencias climáticas, olvido total de las tradiciones de la arquitectura popular, entre otras, han sido las características de las tres últimas décadas en la arquitectura zuliana y venezolana, en general, sobre todo con los super mall de los noventa.

 

FUENTES ESPECÍFICAS: ACEVEDO GONZÁLEZ, Antonio. «Los escasos exponentes de la arquitectura colonial en Maracaibo». El Farol. No. 226. Caracas: Jun.-Sep. 1968. D’EMPAIRE, Oswaldo. «Introducción al Estudio de la Cultura Barí». Kasmera. Vol. 2. No. 2. Maracaibo: Mar.-1966. GASPARINI, Graziano. La Casa Colonial Venezolana. Caracas: UCV, 1962. ______. La Arquitectura Colonial en Venezuela. Caracas: Armitano, 1965. Las Fortificaciones del Período Hispánico en Venezuela. Caracas: Armitano Editor, 1985. GUERRERO MATHEUS, Fernando. «Maracaibo Urbano». El Farol. No. 174. Caracas: Ene.-Feb. 1958. LLABANERO, Néstor Luis. «La Maracaibo arquitectónica de los 60». Panorama. Maracaibo: 11-5-1996. (suplemento «Galería», p. 14). ______. «Los Palafitos: Arquitectura sobre el Agua». Panorama. Maracaibo: 8-3-1997. (suplemento «Galería», p. 14). LÓPEZ RIVERO, Raúl Tomás. Fortificaciones de Maracaibo. Maracaibo: Universidad del Zulia, Dirección de Cultura, 1968, p. 239. MOLERO MACIAS, Luisa. «Ceuta… Poblado palafítico de criollos». Tendencias. Arquitectura y diseño. No. 7. Maracaibo: Jun.-1996, p. 4. NAVA, Marlene. Balaustres al través. Maracaibo: Corpozulia, 1981. RAYDÁN, Carmelo. Las casas del Sol. Maracaibo: Lagoven, 1986. RODRÍGUEZ DÍAZ, Alberto y Carlos Raúl Pérez. Fortalezas de la Barra de Maracaibo. Caracas: Instituto Nacional de Canalizaciones, 1972. ROMERO, Pedro. La arquitectura del Petróleo. Maracaibo: LAGOVEN, 1997. RUDDLE, Kenneth y Johannes Wilbert. «Los yukpa» en: Los aborígenes de Venezuela. Vol. II. Caracas: Fundación La Salle, 1983. SEMPERE, Miguel. Frisos de Maracaibo. Maracaibo: Fondo Editorial Biblioteca de Autores y Temas Zulianos, 1982. SOCIEDAD DE CIENCIAS NATURALES LA SALLE. La Región de Perijá y sus Habitantes. Caracas: Universidad del Zulia, 1953. UNIVERSIDAD DEL ZULIA, FACULTAD DE ARQUITECTURA, ESCUELA DE ARQUITECTURA. Apuntes para la Historia de la Arquitectura y el Urbanismo de la Ciudad de Maracaibo. Maracaibo: FALUZ, 1990. (Materiales seleccionados, procesados y diagramados por los arquitectos Ricardo Cuberos Mejías y Federico Arribas, con el apoyo técnico de los arquitectos Durbán Fernández y Javier Suárez, y del fotógrafo Justo Bermúdez). WAGNER, Erika. Los pobladores palafíticos de la Cuenca del Lago de Maracaibo. Caracas: Lagoven, 1980. WILBERT, Johannes. «Los añú (Paraujano)» en: Los aborígenes de Venezuela. Vol. II. Caracas: Fundación La Salle, 1983. ZAWISZA, Leszek. Arquitectura y obras públicas en Venezuela. siglo XIX. Tomo 2, p. 283-343. ______. León Achiel Jerome Hoet. Un ingeniero de la vieja Maracaibo. Maracaibo: Gobernación del estado Zulia, Secretaría de Cultura, 1989, p. 225. S.a. «Valores Tradicionales en la Arquitectura de Maracaibo». Respuesta. No. 43. Maracaibo: 1979, p. 87-93.

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